SAGA MOONRIVER 0 -Capitulo 1



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Jace entró en la casa de la fraternidad “Delta Nu”, y se quedó, literalmente, boquiabierto viendo a todos esos muchachos que bailaban sin camisa. Aquella era la primera fiesta de la fraternidad en el calendario de actividades anuales, pero eso no le importaba tanto como ver toda esa piel desnuda moviéndose al ritmo de la música. Esas cosas no ocurrían en el pacífico y aburrido Winter Hill.

Saludó a uno y otro de los muchachos que fue encontrando a su paso hasta dar con Steve, a quien encontró muy ocupado con un vaso de cerveza en una mano y una chica en el regazo. Jace sacudió la cabeza y cruzó los brazos mirando al joven, cuya fama de rompecorazones se extendió por todo el campus a la velocidad de rayo.

―¡Quita esa cara de estreñido y ve a divertirte! ―dijo Steve con tono bastante alegre.

Jace arrugó la nariz el olor del aliento alcoholizado de su acompañante indicaba que hacía mucho tiempo había dejado de estar sobrio.

Una chica se acercó y colocó su mano en el hombro de Jace.

―Melissa ―susurró con suavidad sonriéndole.

Jace la evaluó con un vistazo rápido, era castaña, no muy alta o baja, con una figura esbelta. Su sonrisa gritaba: “plástica” y sus ojos decían: “interesada”. Pero Jace no le dio importancia a esos detalles y pensó que si Steve podía divertirse un poco, él haría exactamente lo mismo. Siguió la falda corta y las piernas huesudas para unirse con el resto de los que bailaban.

―Muéstrame lo que tienes ―dijo la chica deslizando el dedo índice por el amplio pectoral de Jace.

El hombre lobo sonrió y dejó que ella jugueteara, consideró que un poco de juego inocente no haría daño a nadie. Se movió al ritmo de la música deslizando las manos por el contorno de Melissa sin perder contacto visual con ella. Estaba loca por él. No necesitaba palabras para decirlo, bastaba ver sus pupilas dilatadas y la manera en que coqueteaba. Ella fue quitándole la camisa al ritmo de la música y lentamente lo abrazó para bailar un poco más lento.

Entonces Jace cruzó la mirada con otro muchacho que bailaba aquella balada. Los dos sonrieron y sus miradas se estrellaron bajo las luces de colores. Cuando la canción terminó Jace dejó a Melissa y se fue con el otro joven a beber una cerveza.

―Pensé que te gustaba ―dijo la chica con enojo siguiéndolo a la mesa donde estaban dispuestas las bebidas.

―Hay otros peces en el río ―respondió pasando de ella para seguir al otro joven.

Se llamaba Mark y estudiaba una de esas ingenierías. Mientras el joven bebía la cerveza y hablaba de la beca obtenida gracias al basquetbol, Jace se dedicaba a observar cada detalle en él. Fijó la mirada en los labios carnosos y aunque no era un flechazo inmediato podría llevarlo a la cama.

Entonces ocurrió. El olor lo sacudió como si hubiera chocado contra una corriente eléctrica. Quedó estático buscando con la mirada la fuente de ese aroma que reconoció en el acto. Sus ojos de cazador pasearon por el lugar y fueron pasando por la marea de rostros de estudiantes que conversaban, reían y hacían vida social.


―¿No dices nada? ―preguntó Mark intentando obtener la atención de Jace.

―Lo siento. Creí haber visto un conocido. ¿Me decías? ―dijo tratando de centrar su atención en el veinteañero, pero era una tarea difícil, el aroma había invadido el sentido del olfato de Jace y él comenzaba a estar seguro de que Frank Coonor estaba ahí.

―Pregunté si también estás becado por rendimiento deportivo. Lo digo porque tienes un cuerpo bastante atlético.

―Ah… Gracias por el cumplido. No, no estoy becado por el programa de deportes, llené una solicitud de ingreso como la mayoría, no todos tenemos tu suerte, Frank.

―Es Mark.

―Lo siento, Mark. Creo que no estoy bien, nos veremos otro día.
Mark sonrió con resignación. Jace esquivó a los otros estudiantes siguiendo el rastro de ese aroma tan agradable y salvaje. Un olor que no era humano sino de alguien como él. Tropezó con una chica que vació su vaso de cerveza contra él. Ella dijo unas cuantas palabrotas y se quejó porque acababa de arruinar sus costosos zapatos. Jace sintió el líquido deslizándose sobre su abdomen y mojando sus pantalones, maldijo en voz baja, pero no se disculpó con la muchacha porque ella estaba preocupada buscando una servilleta.

Su madre siempre decía que los humanos de este siglo eran unos idiotas por poner más sentimiento en las cosas materiales que en aquello que en realidad contaba: la interacción con otros seres vivos. La chica era claro ejemplo de ello; así que Jace sacudió la cabeza y continuó siguiendo el rastro de ese olor.

El aroma provenía de un joven que conversaba con un nerd en el callejón frente al edificio de la fraternidad. Los dos bromeaban y bebían cerveza. Jace sonrió sintiendo el tamborileo rápido de su corazón. Sus tripas dieron un vuelco al sentir en el ambiente que no había otro cambiaformas en la redonda, con excepción de Steve, quien seguramente estaría borracho dando tumbos por ahí.

Tenía el diálogo ensayado en su cabeza desde que tenía dieciséis años y sintió ese aroma invadiendo sus fosas nasales por primera vez.

Eso ocurrió cuando entró en el gimnasio donde el director de la escuela los había citado a todos. Fue la misma sensación que hace que el estómago se revuelva y los sentidos se dispararan en la misma dirección. Jace buscó la fuente y la fuente lo buscó a él. Los dos se miraron durante un minuto que pareció una eternidad, pero al percatarse de lo inusual que resultaba aquella situación cada uno optó por mirar hacia otro lado. No podía pedírsele más a un par de chicos de dieciséis años.

Pero ahora Jace acababa de cumplir veinte años y sintió que no podía perder la oportunidad de hablarle a Frank Coonor y convencerlo para que aceptara algo que no podía negarse por más tiempo: Eran pareja destinada.

Así que Jace dio un paso hacia Frank, lo llamaría por su nombre y le invitaría una cerveza. Siempre quiso hacer eso, acercarse sin temor y hablarle. Nunca habían hablado a solas, porque Frank siempre estaba cerca de su odioso medio hermano, Oliver, y eso significaba problemas.

Pero Oliver no había seguido a Frank hasta la universidad, así que Jace tenía todo el camino despejado para acercarse y…

―Vuelve a la fiesta ―dijo Steve con voz autoritaria colocando una mano sobre el hombro de Jace.

―Ya no soy un crío, sigue jugando con tus chicas plásticas y apártate de mi camino ―respondió Jace mirando a Steve con rebeldía.

―Le prometí a tu madre que mantendría tu trasero lejos de los problemas y Frank Coonor apesta a ellos ―dijo empujando con suavidad a Jace contra la columna del pórtico―. Recuerda que él es uno de los mimados de Graham y que después del problema que causaste hace cinco años no queremos pleitos con esos hijos de puta. 

―Solo quiero decirle un par de cosas, no voy a causar problemas con los Graham por saludar a uno de ellos y madre no tiene por qué enterarse.

―No voy a desobedecer a mi alfa. No queremos más problemas con los Graham, no queremos más derramamientos de sangre…

Jace chasqueó mientras Steve continuó con su perorata sobre el conflicto entre las dos manadas. Jace lo miró ceñudo y mirando a su acompañante a los ojos dijo:
―Es inevitable, si no hablo con Frank ahora, lo haré mañana o la próxima semana. No importa cuántas veces intervengan para evitarlo, ocurrirá tarde o temprano, ahora o en veinte años, no hay diferencia porque nuestro encuentro está escrito. Él es mi compañero de vida.

Steve abrió los ojos y sacudió la cabeza. Los ojos de Jace brillaron con determinación.

―Si no te apartas de mi camino volverás a Winter Hill en pedazos. No me tientes, sabes que tengo la fuerza suficiente para hacerlo.

―¡Estás chiflado! ―dijo dando un paso al lado ―pero que quede claro que no voy a dejarte a solas con ese.

Jace bajó la escalinata y cruzó el callejón. Frank y su acompañante se habían alejado y todo lo que quedó fue el rastro del aroma que pronto el viento arrancaría. Aceleró el paso y Steve fue tras él manteniendo una distancia prudente.

Entonces escuchó el grito de una chica no muy lejos de allí. Jace y Steve corrieron al lugar, un pequeño parque. Encontraron a una chica tendida en la hierba.

Ella tenía la falda rasgada y las piernas abiertas. Su ropa interior estaba al lado de su cuerpo.

―¡Llamaré a una ambulancia! ―dijo Steve buscando de manera presurosa el teléfono móvil en el bolsillo de su chaqueta.

―Es tarde. Su corazón no late y huele a sangre. Llama a la policía ―murmuró Jace observando la tez oscura de la chica.

Una sensación fría erizo los vellos de su nuca. Sabía que él lo estaba observando desde el otro lado del parque. Sonrió porque aquello confirmaba que Frank ya se había dado cuenta de la conexión entre los dos, sin embargo, no movió ningún musculo porque él no era el único que lo estaba observando, también había otros dos hombres lobo cerca.

―Frank Coonor, Peter Grey y Alan Lux… ―murmuró Steve. Jace asintió y escuchó cuando añadió―: Este lugar está lleno de esas alimañas.

―Solo son tres y no son más grandes que nosotros. Además estamos en la universidad, no es como si pudieran armar jaleo cuando estamos rodeados de tantos humanos. Los pleitos de Winter Hill se quedaron en Winter Hill.

―Bien, piensas así, pero ¿ellos?

―Ellos pensarán lo mismo. Frank pensará igual, después de todo es mi otra mitad ―Jace habló con completa convicción y bajó la mirada antes de olfatear el ambiente y estornudar unas cuantas veces―. Su aroma… Está todavía en el ambiente, ¿Lo sientes?

―Sí, está disperso por todas partes, pero puedo olfatearlo. Ella era cambiaformas, no me cabe la menor duda.

―¿Cazadores? ―Jace levantó la ceja para interrogar a Steve.

―Los cazadores no quitan los calzones a sus víctimas y tampoco dejan los cadáveres por ahí para que cualquiera los encuentre. No, Jace, esto tuvo que ser obra de otro cambiante.

―Parece que este va a ser un año académico muy interesante…

Jace suspiró mientras escuchaba las voces y pasos de los policías que venían a evaluar la escena del crimen.

―¿Ustedes la encontraron? ―preguntó el detective con desconfianza mirando a los dos jóvenes.

―Sí. Estábamos en la fiesta de la fraternidad, cuando escuchamos un grito…

Steve explicó al hombre lo que ocurrió. Dos policías estaban instalando la cinta para limitar la escena del crimen. Un nuevo sujeto llegó junto con otro y comenzaron a examinar el cuerpo. El ambiente se puso ruidoso cuando los curiosos universitarios y transeúntes se acercaron para echar un vistazo a lo que estaba ocurriendo.

―¿Así que ustedes estaban cerca, pero no vieron al agresor? ―preguntó el detective.

A Jace no le gustó el tono de voz del hombre porque claramente indicaba sospecha, por supuesto, él hacía su trabajo y debía sospechar de todos. Especialmente si el crimen tiene connotaciones sexuales y la víctima es mujer.

‹‹Por supuesto que no vimos al agresor, de haberlo visto ya nos habríamos ocupado de él››. Pensó Jace levantando la mirada, fijándose en la forma del callejón escasamente iluminado. ‹‹El agresor huyó trepando las paredes, tuvo que moverse con agilidad como un felino… un werecat››.

―¿Hay alguna prueba de que estaban en la fiesta de la fraternidad?

―Todas las chicas besuquearon a Steve. Es el chico popular y nadie lo pierde de vista, y, a dónde va él, voy yo. ―Jace habló con seriedad, mirando a los ojos al detective. El hombre frunció el entrecejo y sus arrugas se pronunciaron visiblemente, tomó nota en su libreta de los nombres que Steve comenzó a enumerar. Jace bufó y añadió―: ¿Esto es necesario? Nosotros no le hicimos eso a la chica.

―Es el procedimiento de rutina en este tipo de situaciones ―respondió escuetamente, sacudió la cabeza y preguntó―: ¿Y con esa música a todo volumen, ustedes dos escucharon el grito?

―Estábamos al otro lado de la calle. ―Jace respondió con soltura, una pequeña mentira, era mejor eso a decir: Tengo el oído desarrollado de un lobo.

―Cruzamos para buscar cigarrillos. ―Complementó Steve con astucia.

El detective los miró indeciso y tomó nota. Jace escuchó el susurro del forense quien explicaba a otro detective la hora del deceso y la causa de muerte: Una estaca enterrada en la parte posterior del cráneo. El joven hombre lobo sintió escalofrío ante lo insólito del caso: una shifter apuñalada con una estaca, cual vampiro.

―¿Alguien puede confirmar lo que acaban de decir?

―Nosotros ―habló Frank Coonor acercándose al detective quien le dirigió un gesto interrogante―. Estábamos al otro lado de la calle, esperando que fueran por los cigarrillos para jugarle una broma al novato.

―Ya sabe, es la tradición de la fraternidad ―dijo Alan sonriendo socarronamente, levantando un cubo de pintura―. Nada personal, Rothwyn, pero como miembro del consejo de la fraternidad tenía el deber de darte la bienvenida.

―Bueno, si escuchan algo respecto a este caso o recuerdan nuevos datos, por favor comuníquense con nosotros. ―El detective entregó una tarjeta a Steve y se reunió con su compañero.

Peter Grey suspiró aliviado cuando vio que los hombres se marchaban y solo quedaba el equipo forense buscando huellas y levantando el cadáver.

―¿Qué demonios hicieron? ¡No metemos las narices en asuntos humanos, menos con la policía! ―Se quejó mirando a Steve―. ¡Por supuesto! Son Rothwyn, carecen de seso; no hay nada bueno que esperar de ellos.

―Mide tus palabras, apestoso Graham ―respondió Steve empujando a Peter.

―¡Basta! ¡No es momento pelear por una tontería! ―Jace sujetó a Steve. Frank se puso en medio tratando de mantener a Peter bajo control, mientras Alan agarraba el puño levantando de su amigo insistiéndole que mantuviera la calma―. Ahora hay cosas más importantes de las que debemos preocuparnos. Lo que atacó a esa chica está todavía ahí afuera.

―¡Qué nos importa una humana muerta! ―Peter dio un paso atrás y miró a Jace con enojo.

―No era humana, su aroma… era una shifter y lo que la mató también, no debemos subestimar lo que acaba de suceder ―dijo Jace con total seguridad.

―Alguna caza de sangre o un pleito de amantes ―respondió Alan―. Lo que haya sucedido no es nuestro asunto.

―Creo que Rothwyn tiene razón. No debemos subestimar esta situación. Estamos lejos de nuestro hogar y no conocemos el código de las manadas de esta zona, podría ser un pleito interno, pero también una advertencia ―habló Frank.

―Hasta que esto no se resuelva, olvidemos nuestras diferencias. Si permanecemos unidos, quien haya atacado a esa chica se lo pensará dos veces ―dijo Jace mirando a los jóvenes de la otra manada, especialmente a Frank, su presencia levantaba su ánimo y algo más, tragó saliva y dijo―: Hagamos una tregua.

―No me convences, Rothwyn. Eres algo pedante y mandón. ¿Quién te puso a cargo? ―Peter sacudió la cabeza.

―Si tienen una mejor idea, hablen ―respondió Jace con tranquilidad, empoderándose de la situación. Vio la manera en que ellos se miraron y entendiendo los problemas añadió―: Solo será temporal, cuando estemos a salvo volveremos a nuestras habituales rencillas. Que estemos juntos porque somos werewolves de Winer Hill no quiere decir que estemos formando una manada nueva, no hablaremos de nuestros alfas, ni los problemas que dejamos allá.

―¿Por qué te preocupar por nosotros, Rothwyn? ¿Por qué unirnos para enfrentar un posible peligro, si cuando todo termine vamos a volver a tramar la manera de sacarnos los ojos mutuamente? ―preguntó Alan con determinación.

―Porque al parecer el enemigo es un gato, y si alguien va a fastidiar a los cachorros Graham, debe ser un Rothwyn y no una criatura que ronronea y escupe bolas de pelo ―dijo Jace con una sonrisa destinada a romper la tensión y desconfianza, cuando vio a los jóvenes un poco más relajados añadió―. Quiero creer que es posible que convivamos sin sacarnos los ojos. No tengo nada contra ustedes, vine a esta universidad a estudiar, no ha cargar con los pleitos de Natasha Rotwyn y Jordan Graham. ¿Quién está conmigo?

―Si aseguras que esto será solo mientras estemos aquí, no tengo problema en que hagamos una tregua. ―Frank extendió la mano hacia Jace, un gesto pacífico aunque lleno de desconfianza.

Cuando sus manos se estrecharon Jace sintió una corriente de placer recorriendo su cuerpo. La mano cálida de Frank en contacto directo con la piel del joven Rothwyn envió una serie de sensaciones únicas. Era la confirmación de lo que había sentido aquella vez en el gimnasio cuando sus miradas chocaron y ambos fueron conscientes de la existencia del otro. Deseó halar de la mano de Frank y comérselo a besos ahí mismo. Los dos se miraron a los ojos durante un breve instante y sus miradas sonrieron. Cuando dejaron de estrechar sus manos, una sensación de vacío sobrevino sobre Jace.

‹‹¿Será así siempre que haya distancia entre nosotros? ¿Siempre que nuestros ojos dejen de mirarse y nuestras manos de tocarse, sentiré esta sensación de vacío? ¿O solo ha ocurrido porque es la primera vez que nuestros dedos sienten la proximidad de la otra mitad de nuestra alma?... ¿Frank, realmente no se ha dado cuenta que estamos destinados a estar juntos o está fingiendo para no causar alboroto en su manada? Son tantos interrogantes sin respuesta. Nuestro ser ha quedado abandonado en las manos del destino, cruel titiritero que nos ha puesto tan cerca y, al mismo tiempo, tan lejos…››

La fiesta terminó abruptamente cuando la noticia de la chica asesinada se regó por todas partes. Los estudiantes regresaron a sus dormitorios, solo los miembros de la fraternidad se quedaron y el presidente de la fraternidad llamó a lista para cerciorarse que ninguno faltaba. Entre los nombres figuraban los de Alan y Frank, Jace sintió alegría por eso y una sonrisa grande se dibujó en su rostro sin darse cuenta.

Cuando salió de la ducha, vio a Frank recostado contra la pared del pasillo. Lo estaba esperando y Jace tuvo que esforzarse para no dejar caer la toalla alrededor de la cintura y enseñarle lo que estaba reservando para él.

―Necesito respuestas ―dijo Frank sin rodeos, pero con gesto avergonzado, sin atreverse a mirar el cuerpo semidesnudo de Jace―. Si quieres que nuestra tregua avance, necesito respuestas. Quiero que me digas la verdad: ¿Qué ocurrió aquella noche en Belton School?

Al escuchar la pregunta Jace se paralizó, sintió un nudo en la garganta e inquietud.

―¿Para qué quieres saber lo que ocurrió hace cinco años?

―Necesito respuestas, quiero saber la verdad ―dijo, y esta vez miró a los ojos de Jace directamente.

Jace tragó saliva y sacudió la cabeza. Frank le estaba pidiendo que reviviera aquella pesadilla que él quería olvidar.

―Voy a vestirme. Nos vemos en veinte minutos.

Entró al dormitorio y se dejó caer sobre la cama. Maldijo al destino que lo metió en esa encrucijada y respiró varias veces para recuperar el autocontrol.

Frank quería saber lo que ocurrió, pero Jace no estaba muy seguro de contarle todo.

CONTINUARÁ...

4 comentarios:

  1. Hola. Me ha gustado mucho tu historia. La verdad que es interesante. Espero con ansias a que actualices. Que ganas.

    Me gusta tu forma de escribir, es clara y nada pesada. Se agradece, hace mucho que no leo algo con un redacción tan clara. Espero que sigas así.

    Tienes tu primera fan. Es lo primero que leo de ti, pero ha sido impresionante. Solo quiero que escribas y actualices, es como cuando te quedas toda la madrugada leyendo un libro sabiendo que tienes que madrugar al día siguiente. Seguiré tu obra de cerca.

    Besos.

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    1. Gracias por tu bonito mensaje, me anima a continuar escribiendo más y más. Actualmente esta historia está planeada para actualizarse de manera semanal.

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