―3―
El viento sopló fuertemente durante
la noche y algunas ramas de los árboles se desprendieron golpeando el cristal
de la ventana del dormitorio de Frank.
Alan cerró el libro que leía y se
dirigió a la ventana para echar un vistazo. Frank lo siguió con la mirada, pero
no dijo una sola palabra porque estaba demasiado ocupado temblando bajo las
mantas.
―Dicen que cuando estás a punto de
morir toda tu vida pasa ante tus ojos ―comentó Alan con la mirada fija en los
arbustos del campus.
―No sé, en ese momento no pensé en
nada. Te juro que mi mente estaba completamente en blanco ―respondió Frank, con
la mente puesta en el incidente que ocurrió horas antes, en un pub no muy lejos
de la universidad.
―No era el momento para morir.
Algunos llaman a eso tener suerte ―Alan cerró la persiana y regresó a la cama.
Tomó otro libro, lo ojeó y después dirigió una mirada curiosa a Frank ―Rothwyn
se portó como todo un héroe…
―Tanto que merece que salte a sus
brazos y le cubra el rostro con besos ―respondió Frank usando un tono
sardónico―. ¿Héroe? ¡puff! ¡Un
acosador! Eso es lo que es Jace Rothwyn.
―Al menos es un acosador con las
bolas bien puestas. No cualquiera salta en medio de una manada de werecats y les hace frente sin ningún
apoyo. Además está bueno… ¿Has visto su paquete? Sugiere que se pone grande
cuando está dura, y con ese cuerpo macizo y musculoso que tiene…¡Grrrrrrr!
―Eres un cerdo, Alan. Casi me
convierten en brocheta para gato y estás pensando en el pollón duro de Jace
Rothwyn. ―Frank se sentó para poder dirigirle un buen reproche a su compañero
de habitación―. Rothwyn es nuestro enemigo… y… y… y… ¡Hay cosas más importantes
en qué pensar!
―No sé si te ves más imbécil cuando
intentas cambiar de tema o cuando finges enojarte para no hablar de
Rothwyn.
―No estoy enojado. Creo que es más
importante pensar en los werecats que
en el tamaño del pene de Rothwyn.
―Tienes suerte que ande enamorado de
ti… ¿Crees que Rothwyn se masturba pensando en tu cuerpo?
La respuesta que Alan recibió fue una
almohada golpeándole el rostro. Frank bufó y volvió a acostarse, pero segundos
después dejó la cama y recogió la almohada.
―Está bien, no hablaré de lo que Jace
hace con su polla. Lo de los werecats es
importante. Mi suposición es que tiene que ver con la chica que asesinaron el
día de la fiesta.
―Eso es obvio.
―Steve dijo que es un pleito entre la
manada local y un grupo de werecats
que llegaron hace poco: Leones, sí, dijo que era una pandilla de leones. La
chica que mataron era parte de ese grupo. Los leones culpan a los werewolves de la zona, pero ellos
aseguran que no lo hicieron. Steve estuvo indagando, al parecer los lobos dijeron
a los leones que se largaran a otro lugar y dejaran la ciudad, pero los mininos
no quieren.
―¿Steve? ―Frank levantó las cejas
mirando a Alan, su mente buscó algún comentario de grueso calibre para
fastidiarlo, pero no pudo organizar sus pensamientos.
―Es un idiota, como todos los
Rothwyn; pero es un idiota bien informado. Hizo contacto con Kane, el alfa de
la manada local, y está al tanto de todos los chismes.
―¿Cómo es que no me entero de estas
cosas?
―Estarías al tanto si asistieras a
las reuniones con los Rothwyn en lugar de pasar el día evitando encontrarte con
él.
―Pensé que Peter y tú eran los más
desconfiados, pero veo que están trabajando en equipo y se llevan bien con
ellos.
―Dijiste que aliarnos era la mejor
opción… Además Jace no es tan mal líder.
―Dijiste que solo le sigues la cuerda
porque tiene buen trasero y un gran paquete.
―Ahora, que hemos interactuado más,
es diferente. Escucha nuestras opiniones y no es tan mandón como imaginábamos.
Y me escribió un mensaje preguntando por ti: ¿Quieres saber qué dice?
―No. No me interesa nada de ese tipo.
Frank se acomodó en la cama e intentó
dormir.
Para entonces, dejó de pensar en el
suceso con los werecats y comenzó a
ocupar su mente con Jace: “Los dos somos
uno”; le había dicho durante aquella conversación. A Frank le costaba
aceptarlo por muchas razones, pero era imposible negarlo: Los dos estaban
destinados.
Y eso era lo que más le aterraba.
Jace Rothwyn era el enemigo jurado del alfa Jordan Graham, y no tenía que ver
con la rivalidad entre manadas por el extenso territorio de Winter Hill y sus
bosques, sino con el suceso de esa noche en Belton School. Para Frank, lo que
dijo Jace respecto a su bestia tenía mucho sentido, su medio hermano, Oliver había
arrojado su futuro por la borda después de aquello, dejó la escuela y se
entregó a la bebida.
Si era justo, no toda la culpa recaía
sobre Jace, pero ese pensamiento no mitigaba la rabia y las demás emociones
encontradas. “Jace y Frank” era algo
que no podía ser. Pensó cuando dejó al Rothwyn aquella noche, y estuvo
repitiéndolo durante las noches siguientes, como si fuera un mantra protector.
Pero eso no cambiaba lo que el
destino determinó. Compartir el mismo espacio dentro del campus solo empeoró
las cosas. A veces Frank, simplemente deseaba que todo volviera a ser como era
antes cuando veía a Jace desde la distancia y él parecía no fijarse.
Porque Frank creyó todo este tiempo
que Jace no sabía nada o quiso creer que eludiendo un encuentro directo con ese
chico, iba a estar a salvo del asunto de ser parejas destinadas, pero al final
el destino lo alcanzó.
‹‹No
debí salir esta noche››, pensó recordando la manera en que fue atacado por
los shifter.
‹‹No
tiene caso lamentarlo, de todas maneras tenía que ir a la biblioteca para hacer
el trabajo exigido››, trató de poner un orden racional a sus pensamientos.
Sintió escalofrío una vez más y se
arropó con las mantas hasta el cuello. ‹‹Calma,
amigo, solamente es el shock por lo ocurrido. Vas a estar bien, solo necesitas
descansar››, dijo mentalmente cerrando los ojos. Y de nuevo los recuerdos
del suceso comenzaron a organizarse en su cabeza.
Lo primero que percibió fue el aroma
inconfundible de un cambiaformas, para un hombre lobo era tan sencillo como
identificar el aroma de un ramo de rosas en un campo de margaritas. Así que
Frank miró a un lado y después a otro. Paseó la mirada desde el rincón donde
dos amantes se comían a besos, hasta la mesa donde el bibliotecario revisaba la
computadora. Ninguno de los estudiantes le resultó sospechoso, pero el aroma
estaba ahí.
Lo segundo que sintió fue la
sensación de ser observado secretamente. Era asfixiante y erizaba su piel.
Frank no pudo concentrarse, guardó en su mochila sus notas y dejó los libros en
el carrito de devoluciones. Decidió que regresaría al día siguiente para
terminar los pendientes. Para entonces su corazón latía acelerado, algo no
estaba bien, sus sentidos lo estaban alertando.
Hubo poca gente en la biblioteca, el
reloj marcaba cerca de las ocho de la noche y algunos estudiantes se marcharon
temprano. Frank se acercó al mostrador para solicitar un par de libros
prestados y poder seguir estudiando en el dormitorio. Su instinto le indicaba
que tenía que salir de ahí de inmediato.
El viento de la noche sacudió su
cabello. Frank lamentó no llevar consigo una bufanda, pues hacía un poco de
frío. Metió las manos en los bolsillos y levantó los hombros para protegerse.
Salvo por algunos estudiantes que se encontraban en la escalinata del pórtico
de la biblioteca, no había nadie más en el campus.
Frank caminó despacio y, al cruzar la
calle para dirigirse a la fraternidad, volvió a sentir la misma presencia.
Indudablemente estaba siendo acechado. Se detuvo para olfatear, percibió el
arma de Alan y de los dos Rothwyn, también percibió el aroma del mismo shifter de la biblioteca. Seguro de
seguir un rastro más familiar aceleró sus pasos y se detuvo cerca del parque.
Trepó en uno de los árboles y
aguardó. Lo que fuera que estuviera siguiéndolo tendría que pasar por ese
punto, entonces él atacaría.
Efectivamente el acosador se detuvo
justo en ese punto. Frank calculó la distancia, esperó prudentemente acurrucado
y antes de que el hombre levantara la mirada hacia el árbol, Frank saltó
golpeándolo en el rostro con una patada karateka.
―¡Ey! ¿Cuál es tu problema? ―preguntó
Jace llevando la mano a su nariz. Un hilo de sangre cayó manchando su camiseta
deportiva y salpicando en el suelo.
―¡Eres el problema! ¿Por qué estás
acechándome? ―dijo seriamente fijando sus ojos en los de Jace.
―Te equivocas, no estoy acechándote.
No te preocupes, respeto lo que pactamos, no pienso lastimarte.
Frank dio un paso hacia atrás,
manteniendo los ojos fijos en Jace, recogió su mochila mientras lo escuchaba
quejándose.
―Deberías fijarte antes de andar
rompiendo narices a los transeúntes indefensos.
―No eres un transeúnte indefenso.
¿Qué es lo que quieres? ―preguntó enojado.
―Nada. Solo me dirigía a la
fraternidad, encontrarnos así solo ha sido coincidencia.
―Cero y van tres… Las veces que nos
hemos encontrado por coincidencia en lugares algo solitarios. Una vez más, ¿qué
es lo que quieres?
―Vuelvo a repetirlo, nada.
―Puedo escuchar el latido de tu
corazón acelerándose, sé que estás mintiendo.
―Está bien, me atrapaste. Solo quiero
que estés a salvo. Me siento culpable desde que dejaste de hablarme y decidiste
alejarte ―dijo suavemente―. ¿Qué tal una tregua, Frank?
―Solo si dejas a un lado esa ridícula
idea de que los dos somos pareja destinada ―dijo irritado, acomodó la mochila
en su hombro y continuó su camino.
Jace quedó atrás, con una mano en la
nariz, mientras gritaba: ―¡Dile eso a tus hormonas!
Frank sacudió la cabeza y siguió
caminando, dobló la esquina. Iría a buscar cigarrillos antes de regresar a su
dormitorio. Además necesitaba despejarse un poco, los pocos encuentros con Jace
lo dejaban bastante confundido, con deseos de golpearlo y al mismo tiempo
besarlo. ‹‹Estar destinado a alguien que
no quieres no ver, es una mierda››, pensó metiendo las manos en los
bolsillos de nuevo para arrebujarse en la abullonada chaqueta. La noche
comenzaba a ponerse cada vez más fría.
Miró a un lado y otro, antes de
decidirse a cruzar cerca de un callejón. De nuevo sintió la sensación de que
estaba siendo observado. Giró para enfrentar de nuevo a Jace, salvo que no era
el chico Rothwyn, sino un grupo de chicas.
No cualquier grupo de chicas, chicas
que rugen y no dudan en usar sus colmillos y garras.
Frank miró a cada lado, su sentido del olfato
le indicó que estaba rodeado, si quería escapar vivo de esas fieras, tendría
que sacar del camino a la que estaba frente a él. Su mirada midió la distancia
e intentó calcular la fuerza de su oponente, una joven delgada de baja
estatura. Confiando en la diferencia de tamaño que podría proporcionarle la
batalla, se abalanzó sobre ella.
No contó con los rápidos reflejos de
la shifter que se anticipó al ataque
y en un rápido movimiento le atenazó el cuello con las garras y lo estrujó
antes de mandarlo a volar a ras del suelo.
Frank cayó como un costal de papas.
Se levantó con rapidez sin perder de vista a la chica, cometió un error al
subestimarla solo porque se veía más pequeña. La mujer gruñó de nuevo y él
preparó sus garras para lanzarse al contrataque.
―¿Listo para otro round? ―dijo la chica mirándolo a los
ojos.
Frank escuchó un rugido, uno más
potente y grande. El alfa hizo su aparición entrando al callejón y el lobo supo
que estaba perdido.
Se revolvió en la cama mientras
dormía. Al cabo de un momento despertó sediento y jadeando. Se movió torpemente
por la habitación y tropezó cayendo de bruces.
Alan despertó y encendió la luz de la lamparita sobre el nochero.
―¿Frank? ¿Qué ocurre, tonto?
―¡Apaga la luz! ¡Mis ojos arden!
Alan salió de la cama de un salto y
se acercó a Frank.
―¡Mierda! ¡Estás ardiendo!
Ayudó a Frank a colocarse de pie y lo
condujo a la cama. Alan salió en busca de agua, la cocina de la fraternidad
estaba en el primer piso de la casa, el dormitorio en el tercero. Así que se
movió con rapidez, pues no quería molestar a nadie.
Frank apretó los párpados y cubrió su
rostro con la almohada. Los pocos minutos que Alan tardó en regresar con el
agua para él fueron una eternidad.
Alan no solo le ayudó a que se
bebiera toda el agua, sino que le ayudó a quitarse la camisa y los pantalones
para llevarlo a la regadera. Pensó que una ducha fría ayudaría a disminuir la
temperatura.
Los dos escucharon el golpeteo en la
puerta.
―Es Jace ―murmuró Frank.
Alan permitió que el Rothwyn entrara
en la habitación.
―¿Cómo está? ―preguntó Jace sin disimular
su preocupación.
―Arde en fiebre ―respondió Alan. Se
hizo a un lado para que Jace pudiera echarle un vistazo a Frank―. Estaba a
punto de llevarlo a la ducha. Creo que eso ayudará con la temperatura.
―Sí, creo que eso podría ayudar…
Jace no perdió tiempo, levantó en sus
brazos el cuerpo de Frank y se dirigió al cuarto de baño. Alan lo siguió,
sujetando con fuerza una toalla.
―¿Eso es…? ―Alan señaló una herida en
la espalda de Frank cuando lo estaban duchando.
―¡Mierda! ―Jace chasqueó,
inmediatamente cerró la llave de la ducha y sostuvo a Frank―. ¿Por qué no lo
mencionaste? ¡Debiste decirnos!
Frank no respondió, para entonces, ya
había entrado en un estado delirante a causa de la fiebre.
―Tal vez no cayó en cuenta del tipo
de herida, no le dio importancia ―explicó Alan―. Va a estar bien, ¿verdad?
―¿No se los enseñaron cuando son cachorros? “No juegues con gatos, si no quieres terminar
hecho jirones” ―Jace tomó la toalla y secó el cuerpo de Frank―. Vamos.
―¿A dónde? ―preguntó Alan.
―Con la manada de Kane. Si es la
manada que controla este territorio deben tener al menos un biáidh entre los suyos. Él sabrá qué
hacer para sanar a Frank.
Jace envolvió cuidadosamente el
cuerpo de Frank en una manta, Alan metió tanto hielo como pudo en una pequeña
hielera y lo siguió.
―Lindo coche, Rothwyn, ¿regalo de
mami?
―Nah, es rentado. No tiene sentido
comprar un coche cuando es más seguro desplazarse en avioneta para ir a las
ciudades más importantes de Alaska ―respondió Jace acomodando a Frank en el
asiento trasero.
Frank se revolvió. Alan lo sujetó con
fuerza. Jace hundió el pie en el acelerador.
―¿Y si Kane no quiere ayudarnos?
―Buscaremos la manera de arrancarlo
de las garras de la infección. No te preocupes, Alan, no dejaré que Frank muera
―respondió Jace con determinación.
―La infección avanza rápidamente. Si
la fiebre continúa comenzará la hemorragia interna y Frank podría…
Jace asintió. Sus manos se aferraron
del volante como si de ello dependiera su propia vida y después de virar a toda
velocidad frenó el coche bruscamente frente a una casa un tanto apartada del
centro urbano. Descendió del vehículo y cargó a Frank en sus brazos.
Alan se adelantó y llamó a la puerta
varias veces. Hasta que un hombre maduro, que vestía un pijama de color oscuro
apareció en el portal.
―Lamento molestar a esta hora. ¿Se
encuentra el señor Kane en casa?... Es una emergencia ―dijo Alan.
El hombre los miró con seriedad,
entonces dirigió la mirada a Jace y vio el rostro de Frank y preguntó con poco
interés:
―¿Qué ha ocurrido?
―Un werecat lo ha rasguñado ―explicó
Jace.
―¿Y por eso ha venido a ver a nuestro
líder? Ustedes son miembros de otra manada, pierden el tiempo. Lo que les
ocurra no es cosa nuestra ―dijo volviendo hacia el interior de la casa―. Ahora,
váyanse. No queremos nada que ver con ustedes, además…
―¿Qué ocurre? ―preguntó una voz al
otro lado de la puerta.
―Nada, Jett, un par de chicos que
tuvieron un pleito con los leones… Ya les he dicho que no vengan a molestarnos.
―Deja que pasen, Roger, son los
universitarios. No están aquí para robar nuestro territorio. Nuestra guerra es
contra los leones, no contra los muchachos…
Roger bufó abriendo la puerta y
después de una disculpa poco sincera invitó a los jóvenes entrar en la casa.
Jace se apresuró y acomodó a Frank en
el sofá. Su piel continuaba ardiendo, además de murmurar palabras que apenas se
entendían.
Jace dirigió una mirada de
preocupación a Alan, sus manos temblaron cuando la tendió para tomar las de
Frank. Apretó los labios y frunció el entrecejo. Vio a Jett Kane dirigiéndose a
ellos y contuvo la respiración esperando que el alfa de la manada local
aceptara ayudar. Roger tenía razón, ellos no eran miembros de esa manada y su
presencia resultaba molesta para los shifter locales.
Jace dejó de mirar a Frank y centró
su atención en Kane. Era un hombre alto y bien parecido, físicamente, podría
decirse que rondaba los treinta años, pero la edad real de un alfa es difícil
de calcular solo guiándose por la apariencia física. Jace vio en los ojos de
Kane la experiencia y sabiduría de quien ha peleado muchas batallas.
Jett Kane y Jace Rothyn cruzaron unas
cuantas miradas. Rothyn no había visto a Kane antes, pero al estar tan cerca
pudo comprobar que todo cuanto le dijo Steve era cierto. Era tan serio como
guapo, a simple vista podía apreciarse su cuerpo duro como el concreto, su
barba rasurada con ese corte denominado “candado” le sentaba bastante bien a su
rostro, además de acentuar la expresión de tipo centrado al que hay que
obedecer de inmediato.
―No nos hemos presentado, Soy Jett
Kane y él es mi hombre de confianza: Roger Brown. Tú debes ser Jace Rothwyn, tu
amigo, Steve, estuvo hablando de ustedes: los werewolves de Winter Hill.
―Soy Jace; ellos son mis amigos: Alan
y Frank ―respondió Jace fascinado con la presencia del alfa. Después de la
rápida presentación dirigió una mirada a Frank y sintió una gran presión
oprimiendo su pecho, decidió saltarse todos los protocolos preliminares e ir al
grano―: Frank fue arañado por uno de los leones, es una herida profunda y está
bastante mal… Me preguntaba si en su manada hay algún were con habilidades curativas que pueda salvar su vida.
Jett examinó a Frank y asintió. Miró
a Jace con el entrecejo fruncido y los labios apretados.
―No estoy muy seguro. Nunca antes vi
algo como esto… Es decir, todos saben que cuando un were entierra sus garras de
manera profunda, la herida no sanará tan fácilmente. Y los werecat son famosos
por la toxina que provoca fiebre muy alta y convulsiones, pero no es algo que
se vea todos los días. Además, he escuchado que quienes sobreviven a un asalto
de este calibre desarrollan ciertos problemas de salud.
―¿Quiere decir que no vas a
intentarlo? ―Los ojos de Jace se encendieron con furia y las palabras salieron
con determinación dispuesto a hacer lo que fuera para salvar la vida de Frank.
―Nuestra manada lleva meses tratando
de sacar a esos leones del camino. Algunos de mis chicos han muerto
desangrándose en mis brazos. Hago lo que todo buen líder debe hacer para
mantener a salvo su manada. No puedo correr riesgos…
―Soy miembro de la manada Rothwyn,
hijo de la alfa que controla la parte sur del territorio del Yucon, salva a mi
amigo y tendrás la ayuda de mi manada para sacar a esos leones ―dijo Jace
manteniendo la mirada en los ojos fieros de Jett y usando un tono de voz
amenazante.
―Es hijo de la alfa, pero habla de
sus miembros como si el líder fuera él cuando no es más que un cachorro ―comentó
Roger.
―Deja al muchacho con nosotros.
Haremos lo posible por salvarlo. Mañana podrás visitarlo ―respondió Jett,
haciendo oídos sordos al comentario de Roger―, si le salvamos la vida a tu
amigo, te mudarás con nosotros, y vivirás un tiempo en nuestra casa, Jace
Rothwyn.
―Si salvas a mi amigo, puedes darlo
por hecho. Un Rothwyn siempre cumple su palabra.
Jace estrechó la mano de Jett, de esa
manera sellaron el trato.
Obedeciendo lo que Jett pidió, Jace y
Alan dejaron a Frank con él y regresaron al campus.
―¡Estás demente! ―gruñó Steve cuando
Alan le contó todos los detalles de los sucedido― ¡Le prometí a tu madre que te
mantendría alejado de los problemas! Cuando un alfa te invita a su casa
significa que…
―Que está interesado en mí y
posiblemente quiera absorberme como parte de su manada. Lo sé, es un truco
sucio, pero no tenía otra opción para salvar a Frank. Por él soy capaz de ir al
infierno y pactar con satán para salvarlo.
―¡Frank ni siquiera te habla, Jace! ―Steve
sacudió la cabeza―. Estás comprometiéndote demasiado por alguien que te evita
la mayor parte del tiempo. ¿Qué demonios voy a decirle a Natasha cuando se
entere que su hijo ahora tendrá que amarrarse a otra manada?
―Nada, no le dirás nada, ya trataré
con ella después. No es necesario que mamá venga a causar más problemas. Salvar
la vida de Frank era una prioridad… Lo que no me cuadra es lo que dijo Kane,
eso de no haber visto antes una condición similar a la de Frank, cuando su
manada lleva meses en guerra con los leones de Bastian, es imposible que no
hubiera rasguños y mordidas. ―Jace tomó una profunda respiración y se recostó
en su cama―. Aquí hay algo raro… Me gustaría volver a encontrarme con Bastian y
hacerle unas cuantas preguntas…
―Eso es suicidio. Casi no logramos quitarnos
de encima a esas fieras y quieres volver a ver a ese melenudo.
―Dije que me gustaría, no que lo
fuera a hacer… En una pelea de uno a uno, Bastian es un oponente formidable, ¿viste la manera en que manejó la situación?
¿Su autocontrol, balance y dirección? ¡Se comunica físicamente con su manada
usando la mirada y unos pocos gestos! ¡Y ese giro que dio para cubrir a la
enana de tu ataque mientras yo sacaba a Frank de en medio! ¡Quisiera aprender a
hacer ese movimiento!
―Son gatos, los gatos siempre caen de
pie y tienen mucha flexibilidad. Además, ¿para qué quieres aprender a hacer eso?... No
eres el alfa, nunca has querido tomar esa posición, y si tuvieras que pelear
por el dominio de la manada Rothyn: tu hermana te hará papilla.
―No quiero aprender eso para quitarle
a Selene su lugar. Tendría que estar loco para enfrentarla en un combate. Pero
sería genial aprender esos movimientos para defender a los que amo.
―Somos lobos. Los lobos no aprendemos
trucos de los gatos. Recuerda lo que siempre dice tu padre: “El león es el rey de la selva, pero el lobo
nunca trabaja para el circo”. No tengo nada contra Frank, es un buen chico,
pero si para salvar su vida debes cambiar de piel, yo rezaré para que esta
noche entre al mundo de los muertos.
― Si piensas que Frank debe morir, será
mejor que no me lo digas, no quiero arrancarte la cabeza solo por hablar así de
él… Pensándolo bien, cambiar de piel por un tiempo no
sería tan malo. Podría vigilar a Kane y su manada, porque el cuento de la pelea
territorial no me lo trago… Está claro que Bastian nos atacó pensando que somos
parte de un mismo saco, pero el clima comienza a ponerse feo; Aquí hay gato
encerrado y quiero llegar al fondo de todo esto.

Gracias por actualizar.
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