Su viaje
espiritual se encontró abruptamente interrumpido cuando escuchó el sonido
pesado de los pasos, muchos pasos, marchando al unísono. Supo de inmediato que
un contingente se movilizaba. Por el sonido y ritmo calculó que podían ser
entre veinte y veinticinco sujetos armados. Eso le indicó que la noche sería
bastante movida.
Bufó.
Detestaba toda esa parafernalia. Lentamente abrió los párpados. La profunda y
fría mirada hizo un recorrido visual a su alrededor. Las paredes blancas
seguían en su sitio, los ventanales, la austera decoración y los muebles
también. Su pequeño mundo estaba intacto y eso le bastaba por ahora.
Dejó la cama.
Sus pies descalzos entraron en contacto con la superficie del suelo de
apariencia marmórea color blanco. El piso estaba frío, pero la sensación en sus
pies le agradaba mucho. Movió los dedos de los pies y lentamente caminó hacia
el librero.
Eligió un
libro al azar y se sentó cómodamente en el sillón blanco. Levantó los pies
dejándolos descansar sobre una mesita.
Chasqueó
emitiendo un sonoro "tsk". La alarma sonó, eso le indicó que allá
afuera el problema se intensificó. Escuchó el sonido de los disparos de las
ametralladoras.
—¿Una
fuga?... No... Un invitado no deseado... La fiesta acaba de empezar.
Habló para sí. Echó un nuevo vistazo a su alrededor. El pasillo seguía siendo el mismo. Un corredor blanco, iluminado, más allá del ventanal que conectaba su hábitat con el resto. Por seguridad, las luces del pasillo y de su espacio vital nunca debían apagarse, por eso le pareció divertido cuando las luces parpadearon.
Entonces la
puerta elaborada en vidrio blindado de máxima seguridad se abrió y una mujer
entró apuntándole con una metralleta M4A1.
—¡Andando!
Él no apartó
la mirada del libro, aquella intromisión le resultó molesta, pero no le dio la
mayor importancia, su voz mantuvo el tono lacónico de siempre.
—No ha dicho
las palabras mágicas.
—¡No tengo
tiempo para juegos! ¡Viene conmigo! ¡Ahora!
—¿Insinúa que
deje de leer "Sueñan los androides con ovejas eléctricas" para
ir con usted? —Dejó la lectura por un momento y levantó el rostro. Por primera
vez miró a la mujer que respiraba agitada y le miraba con brillantes ojos sin
temor alguno, sin embargo, él mantuvo la expresión estoica de siempre —.
¿No está grandecita para jugar a la terrorista?... ¿Quién la envía? ¿C.O.G.?
¿Las putitas de L.S.? ¿Greenpeace?
—No tengo
tiempo para esto. Viene o...
—¿O me va a
disparar? —Siguió leyendo, ya no le interesaba mirar a su interlocutor, le
pareció predecible y aburrida, como todos los demás despreciables seres a su
alrededor, en cambio la lectura de una buena novela de ficción le pareció más
entretenida—. Creo que sus jefes me quieren vivo.
—Puedo
obligarlo. He sido entrenada para...
—¿Combate
cuerpo a cuerpo? ¿Sometimiento forzado? —Pasó la página del libro—. No fue
entrenada para lidiar con un sujeto como yo. Le hicieron creer que podía
sacarme a pasear como si fuera un perro, pero se equivocaron. No saben nada.
—No crea que
no lo voy a intentar, lo llevaré conmigo—, dio un paso hacia él.
Él supo que
ella había perdido la paciencia. Lo comprendía, un escuadrón especial venía
tras sus pasos y el tiempo se agotaba tratando de negociar con su presa, pero a
él no le interesaba en absoluto aquella situación.
—Estúpida.
Dirigió una
mirada fría al cuerpo de la mujer que tendida en el suelo chilló de dolor con
el pecho perforado con unos cuantos tiros.
—No debiste
titubear. Si querías matarme debiste hacerlo en el momento en que esa puerta se
abrió, ahora has ensuciado con tu sangre mi santuario de paz... Ah, ¿cuándo
aprenderán? No hay peor error que sacar a pasear a un dragón que solo quiere
quedarse en su madriguera—. Arrojó la ametralladora sobre el sofá y volvió a la
lectura.
De verdad
detestaba todo aquello. El charco de sangre haciéndose más grande y espeso,
causando proliferación de bacterias y el olor de la muerte. También estaba todo
ese alboroto allá afuera. Y por más que odiara la situación su expresión no
cambió en absoluto. Salió al pasillo a pulsar el interruptor de emergencias,
alguien tenía que venir a limpiar ese desastre en su hábitat.
—¿Vas a
escapar? —Preguntó su vecino, el de la celda del lado derecho. Un sujeto al que
nunca le había visto el rosto porque su hábitat era diferente del suyo.
Concreto puro, con una puerta metálica que solo tenía una rendija.
—No. Allá
afuera no hay nada que pueda interesarme. Solo gente estúpida que se cree
inteligente, además, no regalan postre—. Respondió mirando los ojos
vacíos que se asomaron por la rendijita.
—Tienes
razón, el postre es una buena razón para quedarse.
Los ojos se
apartaron de la rendija, volvieron a la oscuridad de aquella celda. Él regresó
a su hábitat, caminó de puntitas, el charco de sangre se expandió manchando el
piso, provocándole asco. Debió matarla presionándole el pescuezo, pero la
estúpida creyó que era inteligente usar una ametralladora sin seguro para
someter a un hombre como él. El arma se disparó. Ni siquiera era su culpa, pero
así estaban las cosas.
Subió en su
cama. Miró el cadáver y chasqueó un audible "tsk".
"Lucy25,
responda... Lucy25... Aquí Alpha1... responda... Lucy25, regrese a su posición."
El sonido del
radio llamó su atención. Dejó de lado su paranoia y lentamente se acercó al
cadáver, tomó el aparato y presionó un botón. Escuchó el sonido de la estática
al otro lado de la línea.
"Lucy25...¿Escucha?...
Regrese a su posición... Lo tenemos... 1.0 es nuestro... regrese a su
posición... ¿Lucy25?"
—Idiotas...
Solo quería leer un libro, ahora tendré que arreglar este desastre.
Estiró los
brazos delgados pero fibrosos con músculos bien definidos y piel tersa. Después
estiró las piernas, largas y bien proporcionadas, acordes con el talle largo y
delgado, podría decirse que era esbelto. Se recogió el cabello color azabache y
tomó la ametralladora de la mujer. Calzó sus zapatos deportivos y salió de
nuevo al pasillo.
—¿Cambiaste
de opinión? —Peguntó el vecino.
—No. Los
idiotas se llevaron a 1.0 y creen que pueden ir por el mundo como si nada.
Deberían entender que lo que está quieto se deja quieto.
—1.0
¿libre?... Eso es malo... Para muchos... Supongo—. Los ojos volvieron a
asomarse por la rendija—. Te acompañaría, pero este tipo de rescates me
producen fobia. Todo ese contacto con idiotas me provoca nauseas... Así que
solo diré: Buena suerte... Ah, el pasillo 3B está libre y en la sección 2H hay
un vehículo... ¿Volverás para la cena?
—Por
supuesto, sabes que no me pierdo el postre y esto será como quitarle un dulce a
un bebé...
ESTE RELATO PARTICIPÓ EN LA CONVOCATORIA HOMBRES DE ACCIÓN:
PARA LEERLO COMPLETO PUEDES DESCARGARLO GRATIS AQUI
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Uffff muy buen, que ganas de más. Besos y muchas gracias
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